Por qué el sesgo de negatividad no es nada malo cuando se trata del diseño del aprendizaje

Por qué la tendencia natural de nuestro cerebro a centrarse en lo negativo es un factor importante a la hora de diseñar el aprendizaje
  • 6 de abril de 2022
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Cuando era pequeña, mi madre solía preparar unas bolas de espinacas increíbles como aperitivo para la Navidad. Hasta que una Navidad comí tantas bolas de espinacas que me puse físicamente enferma. A partir de entonces, pensar en las bolas de espinacas, olerlas o intentar comerlas me producía náuseas. 

¿Ha experimentado usted alguna vez algo parecido? ¿Quizás comió una almeja en mal estado o devoró demasiados dulces? 

Esta reacción proviene de una parte primitiva de nuestro cerebro: la amígdala. La función de la amígdala es determinar si algo constituye una amenaza. En mi caso, como las bolas de espinacas me pusieron enferma, mi cerebro determinó que eran una amenaza.

Podemos rastrear esta reacción hasta nuestra época de cazadores-recolectores, cuando saber qué comer o qué no comer era una cuestión de vida o muerte. Nuestro cerebro desarrolló un “sesgo de negatividad”, lo que significa que el cerebro humano tiende a prestar atención, aprender y utilizar la información negativa mucho más que la positiva. Cuanto más podamos recordar los acontecimientos negativos, mayor será la probabilidad de que podamos evitar la amenaza en el futuro y aumentar nuestras posibilidades de supervivencia. Las emociones negativas, como el miedo y la tristeza, están más estrechamente vinculadas a nuestra memoria que las emociones positivas, como la felicidad. 

El cerebro es como el velcro para las experiencias negativas y como el teflón para las positivas. Por ejemplo, es más probable que recuerde con más detalle un acontecimiento cargado de emoción negativa (el asesinato de JFK, el 11-S, un acontecimiento personal de tristeza o miedo) que un acontecimiento cargado de emoción positiva, como cumpleaños y aniversarios. 

Por eso, como diseñadores del aprendizaje, a menudo utilizamos el sesgo de negatividad del cerebro para aumentar la retención del aprendizaje centrándonos en historias de consecuencias y emociones negativas en lugar de historias de éxito y emociones positivas. Simplemente sabemos que nuestros alumnos se sentirán más atraídos y más motivados por lo negativo. Podríamos escribir una historia positiva como esta: 

“Raquel llega a Vietnam y activa el ‘modo protegido’ en su portátil. Se instala en su habitación de hotel para buscar en Google la playa perfecta que visitar después de bordar su presentación de mañana.” 

Pero esa es una historia bastante aburrida que no se queda grabada en nuestra memoria, ¿verdad? Así que, en su lugar, potenciamos la retención y la participación conectando con la amígdala con una historia como esta: 

“Después de instalarse en su habitación de hotel en Vietnam, Raquel sueña con visitar las playas locales y empieza a ver fotos de las aguas turquesas en su portátil de trabajo. Aparece una ventana emergente desconocida, seguida de otra, y otra, hasta que el flujo constante cubre toda su pantalla. Raquel intenta no entrar en pánico mientras imagina que pierde la presentación de mañana, así que abre el chat con el departamento de TI en su teléfono y lee: ‘Activa el modo protegido en todos los dispositivos cuando viajes al extranjero.’ A Raquel se le encoge el estómago: no recuerda haber activado el ‘modo protegido’.” 

En la segunda historia, la amenaza y la emoción negativa activaron la amígdala. Al activar la amígdala, aumentamos la importancia de esta información y redujimos el tiempo que tarda la información en pasar a nuestra memoria a largo plazo. Por eso, compartir los riesgos y las consecuencias es una parte importante de cualquier formación. 

Esté atento a más contenido próximamente sobre la ciencia del aprendizaje, y no dude en ponerse en contacto con nosotros si desea saber más sobre cómo creamos experiencias de aprendizaje eficaces para nuestros clientes.